BREVE APORTE A LA TESIS DE LA SIMULACIÓN


De entrada, quiero cuestionar la falsa dicotomía entre software y hardware. Aquí se parte de un sesgo naturalista que equipara verdad con materia. Pero aceptar esto, ya niega la posibilidad de que podemos establecer una duda razonable sobre si vivimos en una simulación, ya que, de forma implícita, estamos afirmando nuestra propia realidad material. Esto es una petición de principio.

Si estoy en una simulación, NADA es hardware, todo es software, y cuando me topo con una pared, hay una ley física (software) que me impide el paso, así el hardware es un tipo de software que corresponde a las reglas o leyes de la representación, límites o limitaciones propias del juego o simulacro que experimenta el sujeto en su proceso inmersivo.

Otro error de bulto consiste en suponer que una simulación debe ser la copia perfecta de un mundo. Ni mucho menos, puede ser una copia parcial e incluso tener muy poco que ver con la significación del “mundo” que la anida. Por ello encuentro más apropiado emplear la palabra juego o simulacro.

Y dado que el objeto de la representación la encarna el sujeto, como decía Berkeley el ser de las “cosas” es su ser percibido. Una piedra en el jardín no se visualiza hasta que alguien la ve, porque en realidad no hay diferencia entre la piedra y el “cuerpo” o avatar del sujeto inmerso en el juego. De esta forma, nos ahorramos la tesis de tener que reproducir mundos o universos de forma exhaustiva funcionando en sincronía, es una forma elegante de cargarnos el realismo.

En el caso de Berkeley el que pone en común a todos los seres que perciben no es dios, sino la lógica definida en un algoritmo.


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