CRÉDULOS Y CANDOROSOS: SOBRE EL EFECTO IDEOLOGIZANTE DE LA FILOSOFÍA EN LA FILOSOFÍA MUNDANA

La filosofía, para aquellos que no se dedican a ella, resulta por convertirse en la más perniciosa y dañina de las ideologías. No sería vez primera ni última que vemos a alguien revestir sus ideas de un pretendido y ridículo halo de “conocimiento” apelando a según que filósofos o pensadores les conviene mejor para afianzar la nula exposición de sus ideas. ¿De qué te sirve leer filosofía si no haces más que acudir repetidamente a tus filósofos de cabecera? ¿De qué te sirve esa forma degenerada y ruin de estudio cuya única razón de ser reside en reforzar tus ideas y prejuicios sobre aquellos asuntos en los que las circunstancias de tu vida te llaman a reforzar? La filosofía se convierte en la ideología más nociva y perversa cuando tú, que no te dedicas a ésta, sientes necesidad de rellenar tu tiempo libre o desquiciado con conocimiento espontáneo de éste y aquél filósofo, pretendiendo encontrar respuestas o interrogantes, insisto, sobre algún asunto que, debido a tu ideario de facto, te compelen al fortalecimiento de éste.

La filosofía, entre otras cosas, te marca múltiples coordenadas por las que guiar tu razón. Nada más peligroso que aquellos que carezcan de estas coordenadas se propongan leer a filósofos en plena acción, esto es, en sus mismas obras, pensando que hacen algo y, en cierta medida, “hacen algo”, que para ellos suficiente es.

Los filósofos son bombas de relojería para ti, que no te dedicas a ella, sólo para ti que careces de la amplitud de miras que ese filósofo que dices entender sí tenía (o eso aparentaba); para ti que, dicho en una palabra, careces de inquietud o curiosidad por nada; para ti, que de entrada careces de los criterios necesarios para no tragar el humo que tus filósofos de cabecera te regalan en tus ratos libres de leer filosofía. Tú, que no te dedicas a la filosofía, que usas a ésta para apaciguar o reforzar tu ideología más temeraria y borrega, creyendo que no haces sino bien a ti mismo, estás haciendo el mayor de los absurdos: tragar polvareda sin el calzado puesto.

Apelando a J. Mosterín, esta clase de humanos que no saben lo que dicen, estos cuya actividad cognitiva más enérgica y vigorosa es “leer filosofía a ratos”, son éstos quienes aparentan y afirman conocer sobre el ejercicio de auto-crítica (o así lo llaman ellos), sólo hay que ver qué, cómo y con qué frecuencia dicen estudiar, en efecto, sólo hay que ver la espuma que les sale por la boca para, en materia de conocimiento y acierto crítico, conocer la clase de humanos que son.

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