test de mediocrich
28 diciembre, 2019

EL TEST DE MEDIOCRICH

Por Jordi Casado Sobrepere

VERSIÓN DEL RELATO CORTO UNA NUEVA VIDA DE MI LIBRO LABERINTO DE SENTIDOS.


Sus padres habían observado una precoz inteligencia en él, algo sin duda preocupante. La cuestión se agravó cuando acudió al liceo y más tarde a la universidad. Fuera donde fuera, Pi-omega creaba en torno a sí una enorme polémica, algo sin duda monstruoso.

Así que al tercer año de su licenciatura, se le internó en un centro avanzado para la reconversión de ovejas descarriadas. Allí se le diagnosticó espíritu crítico. Los padres estaban consternados, jamás hubiesen podido imaginar que se tratase de algo tan grave. Inmediatamente firmaron la autorización para iniciar un tratamiento de choque.

Pi-omega fue incomunicado y durante más de un año se le fueron administrando importantes dosis de Alcaulema y Frimosir para rebajar su nivel de excitación mental. Paralelamente, un grupo de psicólogos y psiquiatras, asistidos por ordenador, aplicaron las técnicas de Hauser para fomentar la desactivación somática de la red neuronal.

Pero todo fue en vano, la mente de Pi-Omega demostraba, una y otra vez, una tenaz resistencia al tratamiento. De nada sirvió aumentar las dosis y redoblar las sesiones, cuando cada mes le realizaban el test de Mediocrich, siempre volvía a dar negativo.

Los especialistas, fracasados los intentos por salvar la salud del muchacho, recomendaron a sus padres, una lobotomía asistida. Se trataba de una operación que entrañaba un enorme riesgo, todavía se hallaba en fase experimental y solo se había practicado en roedores. La otra posibilidad resultaba aún más inquietante, según el ordenamiento jurídico, artículo primero, sección segunda, en base al principio de estabilidad y orden social, todo individuo al que no se le pudiera reasignar bajo unos niveles mínimos de mediocridad, debería ser confinado en un centro psiquiátrico donde viviría incomunicado y totalmente sedado hasta el final de sus días. Esta posibilidad aterraba a los padres, así que finalmente se decidieron a autorizar la lobotomía asistida.

Afortunadamente, la operación fue un éxito, hecho sin duda histórico, lo que motivó que a las puertas del centro se congregaran un gran número de medios de comunicación. Pi-Omega, era el centro de todas las miradas, sin duda se había convertido en un auténtico héroe nacional. Gracias a esta novedosa técnica, se podrían abaratar enormemente los costes en el proceso de sociabilidad asistida. Y por tanto, a muchos de los que actualmente vivían confinados en un psiquiátrico, se les abría las puertas a una nueva vida.


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