MI CALEÑA

Hoy el tribunal de la pulcra razón se ensucia, declarándose incompetente para juzgar la perfecta redondez y simetría de tus pechos, hábilmente sugeridos. Una oferta que alimenta el deseo de los transeúntes que carraspean y aceleran el paso, movidos por la incomodidad de sus mujeres, que no resisten la comparación ante tal perfección natural. Ya tus pezones son polizones en sus pensamientos. El mundo de la fantasía se nutre de encuentros furtivos e imágenes comprometedoras, que brillan tan sólo en el reducto de la más absoluta privacidad.

Por eso me detengo a tomar café en ese rinconcito, para prometerme que no se desvanezca en mí el deseo de verte una vez más. Ojalá pudiera decirte la verdad. Que ocupas noches insomnes, en las que grito tu nombre, contando las horas, para volver a verte, ese intercambio, esa sonrisa, ese roce accidental, o esa palmada cariñosa, que son el rugir de un alma enjaulada en un circo de sensaciones que desbordan mis altas capacidades, tornándolas insípidas e insuficientes, ante la belleza que alinea los astros que coronan tu rostro imperecedero.

El ébano y tus labios rojos se contraen y gesticulan, ofreciéndome un poco de azúcar. Más yo embelesado, doy una respuesta mil veces calculada, que apenas acierta a tender puentes imaginarios entre nuestras miradas. Tal vez tú también me imagines en tus sueños, incendiándolos de fantasías, que, aun pasadas las horas, tardan en extinguirse, poblando de una densa humareda la razón que se revuelve inquieta buscando aferrarse a algún punto de referencia.

Miles de hombres han rechazado el encuentro con tu mirada escrutadora. Los mismos que   ya pasado el peligro, se dan la vuelta y gesticulan a tus espaldas, creando un ídolo, que envuelve tu imagen sin hacerle justicia. Porque yo te imagino humilde, sincera, abnegada, es un atractivo que brilla junto a tus encantos más evidentes. Hoy te iba a decir algo. En tu lugar, otra chica me ha atendido, su sonrisa simiesca y su desdén han conmovido mi ser, devolviéndome a la realidad de un mundo sin ti. Un día plomizo, de viento violento, de gestos anodinos, de risas insípidas… Ay mi café, ay mi azúcar, ay mi reina caleña, que se fue para no volver jamás.

140 Vistas

¡Comparte!

Deja un comentario