REGLAS PARA LA ESTAFA DEL ESPÍRITU (I)

En la sociedad de trabajadores-consumidores el ser humano nace como instrumento o resorte necesario de un sistema materialista, en el que la manipulación ideológica es una constante que lo inunda todo de eslóganes y principios que refuerzan la actividad laboral y consumista.

Imaginemos que solo existiese un individuo laboral y consumista. En su primera faceta, será explotado trabajando por una cantidad insuficiente que le obligará a sostener esa actividad laboral de forma indefinida. Ha nacido la deuda laboral.

Imaginemos que el producto que produce con el trabajo es la única mercancía de un mercado único.

Estamos en la segunda faceta, la de consumidor. En la que se ve obligado a comprar, pero que el precio supera lo que nuestro individuo puede pagar por él. Ha nacido la deuda de consumo.

TODA la ideología materialista tenderá a reforzar las conductas de trabajar más o ser productivo, junto con la compra irresponsable, o lo que se suele decir vulgarmente como comprar más allá de nuestras posibilidades, es decir se tenderá a reforzar la deuda tanto laboral como la de consumo.

Ambas deudas, con sus cargas ideológicas y la consiguiente presión social, representan un movimiento de pinza sobre el espíritu o la mente, que no ve la trampa hasta que ya ha sido enjaulada.

El resultado de trabajar barato y comprar caro, en cada ciclo económico, en cada iteración, supone un empobrecimiento, que hace que la tendencia sea a trabajar más para conseguir amortizar esa compra que no sería asumible de otro modo. Dando además la falsa percepción de que el objetivo en la vida es ante todo material.

Ah. Durante todo este tiempo he olvidado mencionar para quién va dirigido el presente escrito. La razón es formalizar el concepto de estafador, como pieza clave o central, presente en cualquier sistema económico del signo que sea.

El buen estafador es el que diseña o planifica y recoge pacientemente los frutos de este expolio encubierto. Por supuesto es un ser amoral, esta muy por encima de esa moralina que obliga al trabajador-consumidor. Esta estafa institucionalizada y exportada a todos los rincones del planeta, esta acabando con nuestra civilización. No nos enfrentamos a un problema económico, sino a una cuestión de salud mental que nos atañe a todos.

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